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exposición
 
Manuel Ruz / De nada me han servido los años
del 26 de octubre al 25 de noviembre de 2006

vistas de la esposición

En la simpática película L'adventure, c'est l'adventure de Claude Lelouch, el personaje interpretado por el gran Charles Denner (Simon) plantea, de forma cómicamente reiterativa, su particular receta para descifrar aquello que algunos, ampulosamente, han tenido a bien llamar "el sentido de la vida": Buscar la claridad dentro de la confusión. La tesitura en la que se encuentra un artista a la hora de afrontar una nueva muestra, muchas veces, se asemeja sobremanera a esa encrucijada dialéctica.

La obra de Manuel Ruz, que expone por segunda vez en nuestro espacio, después de la iconoclasta "Paritori", es suficientemente compleja como para favorecer esta duda hamletiana. Incansable indagador del dibujo, el autor cordobés combina el laborioso trabajo infográfico con la instalación más irreverente y poéticamente combativa, la pintura visceral y la fotografía rigurosamente documental, para intentar canalizar todos estas inquietudes que, de hecho, empujan a todo creador a enseñar, como hubiese dicho el poeta Joan Barceló, sus monstruos benignos

El título de la exposición parece cuestionar la valía del aprendizaje vivido, tanto a nivel social como individual, pero, como suele pasar, el epígrafe se revuelve contra el autor, con renovada animosidad. Manuel Ruz nos muestra, no sólo el resultado final, sino todo el proceso de gestación de su producción creativa, en un involuntario y humilde alarde de sabiduría empírica. Sus obras parecen momentos congelados que ejemplifican, utilizando indistintamente elementos propios del mundo del arte (grafismos, imágenes) con otras de carácter más doméstico y cotidiano (gafas, cajas, flotadores), conceptos de difícil transmisión.

Os invitamos, fervorosamente, a rasgar la cinta de precinto de esta caja de Pandora que promete ser De nada me han servido los años, sorprendente como la letra de un corrido mejicano.


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