exposición
Marc Vilallonga / Estupendament / estúpidament
del 24 de enero al 23 de febrero de 2008
 

El juego es una gran mentira que nos acerca a la verdad.
Prepárate para jugar el gran Juego.

Rudyard Kipling

Dicen que dijo alguna vez Picasso que el artista debe trabajar con la misma seriedad de un niño que juega. El juego, acertadamente descrito por el gran autor británico-hindú de la cita preliminar, es un espacio de tránsito entre nuestro mundo interior, con unas reglas íntimas, complejas o absurdas, las cuales muchas veces se asemejan a la disparatada lógica de los sueños, y lo que se ha dado en llamar el mundo real, regido, a su vez, por otras leyes, muchas de las cuales sólo permiten el eufemístico y caritativo adjetivo de incomprensibles.

Parte tan importante del juego como lo es la imaginación es la que ocupan esos pequeños objetos a los que llamamos juguetes, aunque pocas veces lo sean en el sentido estricto de la palabra, ya que en el mundo real se les denomina de otra forma: palo, piedra, trasto viejo o cuchara. A todos ellos el jugador, sea niño o adulto, les dota de atributos y poderes infinitos, arbitrarios y necesarios para acompañarle en el transcurso del juego. Existe una segunda especie de juguetes, los que prácticamente dominan todo el juego, necesitan pilas, tienen muchas lucecitas y sonidos y reducen nuestra participación a la de mero espectador.

Sin embargo, la más reciente, rara y curiosa de las especies lúdicas la forman los llamados juguetes de diseño, mini toys o juguetes de coleccionismo (palabra que encierra siempre algo de obsesivo o patológico). Podemos encontrar tiendas especializadas en ellos, portales de Internet o verlos en las estanterías de las casas de nuestros amigos. No parecen estar destinados a los niños, todo lo contrario, y con ellos no se puede jugar. Este inexplicable fenómeno sirve de pretexto y punto de partida para la actual propuesta de Marc Vilallonga para nuestro espacio.

"Estupendament, estúpidament" es buen ejemplo de la peculiar visión, a medio camino de la contemplación perpleja y la sutil ironía, con la que este artista aborda (y lo borda) el retrato del motivo elegido. Heterodoxo en la temática de su obra, así como en la técnica (pintura, fotografía o video), pero siempre impecable en la factura y acabado de las mismas, Marc Vilallonga utiliza esta vez la fotografía manipulada por ordenador, trabajando sobre la sorprendente base de botes de desodorante, para que nosotros participemos también del juego, engañosamente inocuo y nunca inútil. Magritte decía: "El arte no sirve para nada. Eso lo hace imprescindible", tanto como el juego o la visita a esta exposición.