exposición
Conde, Torino, Prieto, Barreiro, Rei / Bebedeira
del 19 de junio al 19 de julio de 2008
 

Entón os lobishomes ouvearán ás nubes
magníficos zeppelines de chuvia que esconden
a boca do pozo infinito e branco da lúa

Amancio Uría
Chove na terra

El encanto de los días de lluvia dicen que reside en la previsible ausencia de sorpresas. La monocromática musicalidad del las gotas sobre los cristales, las aceras o la lona de los paraguas invita suave y pertinazmente a la repetición de otro día de lluvia ya sucedido.No es que todos los días de lluvia sean iguales: Todos los días de lluvia son el mismo día de lluvia. Podemos volver a disfrutarlo casi sin desenvolverlo o replantearlo con sutiles movimientos de ajedrez o con disparatados propósitos lúdicos, pero siempre albergamos la esperanza de que va a terminar bien, como las películas de Frank Capra o un buen standard de jazz, sabedores como somos, además, de tener el comodín de la otra oportunidad el siguiente (o el mismo) día de lluvia, otro Día de la marmota .

Echemos mano, pues, de la confortable seguridad de la repetición, con este párrafo de una exposición anterior, la del también gallego Anxo Baranga, para presentar la propuesta del grupo de escultores de Ourense que bajo el epígrafe BEBEDEIRA reúne nombres cuyo recitado evoca una inexpugnable zaga balompédica:

"Jósef K. Korzeniowski, al que más tarde conoceríamos como Joseph Conrad, hizo decir a uno de sus humildemente épicos personajes algo parecido a esto: Los buenos marineros no tiene porqué saber nadar ni, desde luego, beber necesariamente agua. Galicia es un pueblo marinero (de hecho, alguien dijo que Galicia era una isla) y ni tan sólo los percebeiros tienen fama de buenos nadadores. Un ilustre nativo de esa tierra de agua, el poeta Florencio Delgado Gurriarán, dijo, sin embargo: Los gallegos sabemos nadar como nadie a través de la lluvia".

Conde, Torino, Iván Prieto, Rique Barreiro y Henrique Rei son gallegos de tierra adentro y temerarios nadadores, poseedores, como sólo lo son ellos, de un contacto directo con la madre naturaleza que se percibe con nitidez meridiana en la piedra, la madera o el metal que conforman sus obras. Pero no dejemos que la pantalla de agua de lo previsible nos deslumbre, ni la seguridad del tópico nos confunda: BEBEDEIRA , paradójicamente, encierra otra redundada cualidad intrínseca de Galicia: Lo mágico. Allá la única certeza es que todo es posible.