exposición
Benxamín Álvarez / Ostentación de la riqueza,
contemplación de la pobreza


del 19 de febrero al 21 de marzo de 2009
 

(NY, 22 de Febrero de 2002, Agencias)
Encontrados varios cuadros de arte abstracto entre la basura de Coney Island.
Algunas obras de artistas norteamericanos tan conocidos como Jackson Pollock o Mark Rothko y de otros pintores europeos han aparecido esta madrugada al levantarse el cadáver de un indigente en un callejón cercano al antiguo parque de atracciones, residencia habitual de una pequeña colonia de homeless. Se desconoce, hasta el momento, el nombre del fallecido y cómo llegaron allí las piezas, todas ellas reconocibles y catalogadas, pero sobre las cuales se había perdido la pista desde hacía años. Las pinturas serán custodiadas, de momento, por el Museo de Arte de Brooklyn.

Con esta sucinta reseña se despachaba, en este y otros periódicos de ámbito local, un suceso que no sólo hubiese podido dar mucho más juego, periodísticamente hablando, si no que, más allá de la mera curiosidad anecdótica, podía haberse convertido en un caso ejemplar, disfrazado de cuento de tintes dickensianos, del actual estado de relaciones entre el arte contemporáneo y, nunca mejor dicho, la gente de la calle. Ni siquiera la afilada pluma de mi compañero y colega de la vecina sección de Arte, mi siempre admirado Walter Burns, quiso sacar partido a este rocambolesco acontecimiento.

Georges Kaplan, que ha resultado ser el verdadero nombre del vagabundo conocido como Godfrey, durmió durante al menos once años sobre una fortuna salida de los talleres de los más grandes maestros del Expresionismo abstracto americano sin que nadie de su entorno, ni tan siquiera los miembros de la Oficina de atención municipal a los sin techo o los agentes de policía que frecuentaban la comunidad, diesen importancia alguna al particular colorido de la barraca del anciano. Varias hipótesis han intentado dar explicación, con improbable acierto, a la procedencia de la pequeña colección: desde la socorrida historia del aristócrata venido a menos al inconsciente golpe de suerte de un pertinaz escrutador de basuras.

Puede, sin embargo, que la más suculenta y quizás paradigmática de las versiones sobre el verdadero vínculo entre el hombre y las pinturas la dio su último "compañero de habitación", Marty, conocido también como El taxista: -Al viejo God siempre le gustó dormir sobre aquella tela llena de bultitos. Decía que le iba bien para la circulación de la sangre. Y sus gatitos disfrutaban de lo lindo arañando aquel otro trapo de color violeta, tan suave. Las telas resultaron ser "Gran gris oscuro" (1952) de Pollock y "Concepto espacial" (1959) del italiano Lucio Fontana.

Mortymer Brewster, New York Herald Tribune, 31 de Marzo de 2007