exposición
Marie-Françoise Prost-Manillier y Helga Stüber-Nicolas /
Carbon (((hic)))

del 14 de enero al 13 de febrero de 2010
 

Marie-Françoise PROST-MANILLIER y Helga STÜBER-NICOLAS, en representación de lujo del colectivo francés 4,barbier, estrenan año y década en nuestro espacio ofreciéndonos dos instalaciones cuyo nexo o pretexto creativo está explícito en su epígrafe: el ciclo natural del carbono.


…brun, parce que le brun est entre le vert et le noir sur le chemin de la carbonisation,
le destin du bois comporte encore -quoiqu'au minimum- une geste,c'est-à-dire l'erreur,
le faux pas, et tous les malentendus possibles.
Francis Ponge, Parti pris des choses


Ciclo 1: Marie-Françoise nos muestra una suerte de enciclopedia botánica mural.
El ciclo del carbono es un ciclo natural de vida que tiene, sin embargo, un punto de ruptura, el CO2, que se convierte en una forma de desequilibrio al acecho. En la pared cuelgan 34 dibujos, realizados con grafito (material pintiparado) que representan árboles, que ni siquiera se quieren nombrar o identificar, inspirados en el libro "Architectura degli Alberi". Entre estos relieves gráficos sobre papel se deslizan amenazantes sinuosas espumas industriales. Una especie de ficticia invasión de negros tubos de creación química, cuya ambición parece ser la de sustituir al mismo árbol, a la propia naturaleza.
Una mirada global al conjunto nos hace entender el daño de la amenaza ecológica y, a su vez, la fuerza intensa que posee la creación plástica que reta a ese peligro, con la tenaz belleza que sólo tienen la misma naturaleza y, por supuesto, la poesía.


Le temps occupé en vecteurs se venge toujours par la mort.
F.P.


Ciclo 2: Helga, fiel a su material fetiche, nos regala con una sugerente lluvia de lápices.
Su reflexión sobre la fragilidad de la materia nos lleva a lo universal, a nuestra memoria colectiva: una interrogación acerca de la precariedad de las cosas, la inmaterialidad y la inconsistencia de las huellas que dejamos. Sus trabajos realizados con lápices de colores, cuya madera procedente de los árboles destruidos para nuestros usos domésticos, pueden ser interpretados como una ilustración de los daños causados al medio ambiente planetario. Pero también podemos ver en este trabajo una contribución más positiva del material al conocimiento universal, siendo considerados entonces los lápices como vectores privilegiados del pensamiento y de la creación. Lo que se le quita a la naturaleza, bajo cierta forma, puede serle devuelto bajo otra. Tal vez la imaginación, entonces, puede ayudarnos a superar lo intolerable.
Dos interesantes propuestas de las artistas del colectivo de Nîmes en las que se entremezclan la conciencia ecológica con otra lucha, quizás menos mediática, pero tan vieja, bella, controvertida i inexplicable como la anterior, la del artista contra la mismísima naturaleza.