exposición
José Antonio Troya / Sólido aunque
del 12 de noviembre al 12 de diciembre de 2009
 

…murallas en el vacío que
ninguna trompeta derrumba

Octavio Paz

La metáfora es un recurso estilístico que nos permite utilizar un objeto (un concepto, una idea) para hablar de otro. El poeta Carles Hac Mor ha dicho, en más de una ocasión, que, si hablamos de arte, esta metáfora es sumamente más compleja, ya que utilizamos un primer objeto para hablar de otro del cual no sabemos a ciencia cierta qué es. Quizás sea esa paradójica condición (de eso que llamamos arte) un buen punto de partida para intentar explicar el trabajo que José A. Troya ha intitulado de forma tan sugerentemente extraña.

En Sólido aunque el artista riojano, huyendo como siempre de la obviedad (castillos de gigantes o naipes con pies de barro), se adentra en el tema de la engañosa realidad de las apariencias. En este montaje está presente en cada una de las obras la frágil solidez de entes (y de conceptos, de ideas), a primera vista, estables y seguras. La construcción conlleva de por sí la posibilidad de derrumbamiento y ese precario y azaroso equilibrio se aprecia como un fino hilo conductor de Ariadna en las cinco piezas de la exposición.

El personaje huevo Humpty Dumpty (perteneciente al folklore popular inglés, popularizado por la segunda Alicia de Lewis Carrol y nacionalizado curiosamente como Zanco Panco) es, sin duda, el menos difícil de los siempre sutiles e intrincados símiles empleados por Troya. Con la elegante meticulosidad y la poética frialdad de un asesino silencioso, el artista aborda (y borda) el tema con un repertorio técnico que ya es habitual en su trabajo: obras sobre poliéster, dibujos con bolígrafo de pequeño formato, pintura de grande y, realizados ex profeso para esta muestra, tres grandes murales.

Fiel a su imaginario tremendamente personal (la precisión del trazo, el aire de boceto, el empleo estrictamente necesario del color, los puntos en el espacio que reordenan el caos y plantean nuevas entropías, etc.) y, a su vez, siempre sorprendente y presto a nuevas aventuras (retomando el género del autorretrato, por ejemplo), Jose A. Troya nos invita, en la que es ya su sexta propuesta individual en La Xina A.R.T., a adentrarnos en la su laberinto en construcción y observar, desde su exótico andamiaje o desde el vaivén de un puente de mono, quizás desde otra perspectiva, quizás con otros ojos, el que es, en definitiva, nuestro propio mundo.