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exposición
David Tarancón / Desaristizando
del 24 de mayo al 31 de marzo de 2012
 
 
El concepto ”universo” posee connotaciones etimológicas que remiten más a la ortodoxia menos disentible que, pongamos por caso, a la poesía minimalista. A pesar de esta restrictiva primera impresión, bien es cierto que cada cultura, cada pueblo, cada tradición ha consensuado una serie de puntos y características específicas para definir su propio universo común. El origen de cada uno de ellos (o de cada mundo, si queremos darle una dimensión –engañosamente- menos inasible, ya que éste también tiene una capacidad casi infinita) ha sido explicado de formas tan dispares como disparatadas, que van desde un punto primigenio que contuvo hiperconcentrados y superpuestos todos los futuros puntos a los caprichos de una serpiente voladora con plumas. Éste puede tener la forma de un cilindro ligeramente retorcido o estar mágicamente estructurado en perfectos poliedros concéntricos. Puede sostenerse sobre un forzudo titánico o sobre siete micos que están encima de tres elefantes que están encima de una gran tortuga.

La relación entre el arte y eso que hemos convenidoen  llamar “mundo real” ha sido, a lo largo de los tiempos, también tan diversa como (o y por tanto) interesante. Algunos creadores necesitan del contacto físico con aquel para extraerle la más cruda de las miradas o la más tierna de las líricas (Lucien Freud, José Luis Guerín, Patti Smith, Joan Margarit...), otros huyen de él como de la peste y se refugian en su particular “mundo interior” (John Coltrane, Joan Miró, Dylan Thomas, Luis Buñuel...). Los hay también que van del uno al otro con una naturalidad pasmosa (Federico Fellini, Jorge Luis Borges, Lester Bowie, Gerhard Richter...) y otros que disfrutan y nos hacen disfrutar de una infinidad de mundos (Roberto Bolaño, los hermanos Coen, Martin Kippenberger, Tom Waits...). No hace falta decir que todos los ejemplos citados entre paréntesis pueden ser perfectamente intercambiables o sustituidos según gustos, pareceres o parámetros particulares del universo privado de cada observador, oidor o lector.

Esta dificultad de catalogación aumenta en el caso de la obra de David Tarancón. Este veterano miembro de La Xina A.R.T. posee un intransferible e íntimo universo, repleto de estrambóticos personajes que pueblan espacios espirales nada euclidianos y configuran el imaginario de este mundo blando que insinúa el nada sinuoso título “Desaristizando”. Cuatro series de pequeño formato y diseños curvilíneos conforman el exótico y ambiguo ambigú de la única obra de gran formato del montaje, la cual, curiosamente,  tiene la silueta de un ojo de cerradura de una puerta que, quizás, es la entrada secreta a otro universo, ahora ya puede decirse, al multiverso.