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bouches de la verite
exposición
Benxamín Álvarez y Xesco Mercé / La radio de nuit
del 27 de julio al 31 de agosto de 2012
Galerie 4, barbier. 4 rue Maubet, Nimes
 
 

Parece mentira que sólo haga siete años que se conocen la gente de los colectivos 4,barbier y La Xina A.R.T. El siete, sin embargo, es un número cabalístico que el hombre viene utilizando (a él y a sus múltiplos) desde el principio de los tiempos como ejemplo de etapas tan largas como paradigmáticas. De hecho, parece que haya pasado toda una vida (o que se conozcan de toda la vida). Desde finales de 2005, un número incontable (aunque, seguramente, múltiplo de siete) de intercambios, proyectos e ideas ha chispeado, en ambos sentidos de la marcha, por el haz multicolor que conforman los trazados de autopistas y carreteras en el mapa entre la rue Maubet y la calle de l’Hort de la bomba.

Por este cableado sináptico, en ninguno de los incontables viajes de ida o de vuelta en que he podido participar, en el mi humilde condición de cronista del grupo que me autoriza al papel de tripulante o, por lo menos, al de polizón tolerado, nunca he visto que esta extraña pareja de "autonautas en la cosmopista" (como decía Cortázar), ni Benxa ni Xesco, pusiera ni una sola vez la radio (o alguna de aquellas gastadas cintas de cassette de bebop que bailan en la guantera). Todo el rato están hablando, indistintamente, uno gana locuacidad y el otro atempera su natural vehemencia para llegar a una especie de partida de ajedrez circular tan ingeniosa como incruenta. Todos los temas por los que vale la pena vivir (el arte, los recuerdos, el sexo, el humor, la muerte o el mañana) han llenado cada uno de los trayectos, aparentemente iguales, de una particularidad propia.

Un contratiempo, por ejemplo, una pequeña piedra a la altura de Figueres que convierte el parabrisas en un lago helado que se craquela (esto pasó en una primaveral roadmovie en la que nos acompañó una tan preciosa como tímida francesita -¿Aline, Agathe, Aurore?), se transforma en una mecha explosiva que anuncia una nueva escultura, o una nueva exposición, o una temporada entera. Un episodio tragicómico con la policía motorizada de aduanas, una noche de lluvia diluvial en una inhóspita área de servicio, camino de Lyon, se convierte en el negativo exacto del soleado y fatal encuentro entre Belmondo y la Ley en "À bout de souffle" y empieza todo un abanico de ideas de nuevos dibujos, de nuevas series, de nuevos ciclos de trabajo.

No creo que fuese demasiado atrevido afirmar que si bien muchas de las ideas germinales de los trabajos colectivos de La Xina A.R.T. han surgido de aquellas conversaciones entre piloto y copiloto (transmutados en una especie de nuevos detectives salvajes en el desierto de Sonora del Midi, tal y como Bolaño hubiera podido posibilizar) las más interesantes, a buen seguro, han aparecido en los puntuales momentos de silencio que siguen cada uno de estos episodios reveladores.

Después de las risas nerviosas que provocan los mutuos e inesperados hallazgos aparece una quietud efervescente y fecunda. Parecida a la que suele brindar la radio de noche. Aquel crepitar del dial, donde se confunden profundas voces de gurús de la madrugada, música para sonámbulos funambulistas y anónimos confidentes de secretos inconfesables, propicia e invita a unos momentos de desconexión mental casi absoluta, que se convierten en catalizadores de lo que se ha dado en llamar “el hecho creativo”, similares, como dos espejos, a los silencios en la carretera, camino de Nîmes, camino de Barcelona, ??camino de Damasco.