actividadesmultimediaartistascontactoenlacesbarrconxin
catalð
bouches de la verite
exposición
Santi Erill / Seguir les instruccions
del 12 de abril al 12 de mayo de 2012
 
 

“-No hace falta desconfiar de forma automática de las apariencias,
a no ser que estemos hablando de fotografías o de cine.”
Georges Simenon, Maigret tout

El “Televisor de filminas” era uno de los souvenirs más apreciados de los setenta, unos años demasiado tiempo eclipsados por la colorista e idealizada década precedente y a los cuales parece que ahora volvamos, gracias, quizás, a ese curioso y cíclico concepto llamado “crisis”. Aquel psicodélico artilugio era un regalo de buen gusto que te traían los tíos sin hijos que tenían, al menos, la suerte de viajar. Con una simple ojeada por la mirilla y accionando sincopadamente la palanquita para cambiar de imagen, uno podía hacerse una idea en delirante tecnicolor de los idílicos parajes que menda y su familia no visitaría, al menos de forma inmediata. Aquel pequeño ingenio colmaba les tardes de aquella época casi pretecnológica con una sucesión de playas abarrotadas de sonrientes extranjeros, altos edificios de arquitectura ahora medieval ahora marciana y otras irrealidades a las que la extraordinaria imaginación infantil otorgaba un sentido argumental tan lógico como el que poseen los sueños o el que nos procura incontestablemente el azar.

Santi Erill vuelve a la que ha sido siempre su casa, para ofrecernos (con su siempre traviesa mirada del niño que están a punto de abrir el puño y mostrarnos el secreto tesoro de los últimos espasmos de una cola de lagartija) una tan sugerente como inquietante propuesta visual de título juguetón que remite a grandes lúcidos lúdicos como Perec o Cortázar. “Seguir les instruccions” combina la fotografía seriada de grandes dimensiones y el vídeo a partir de fotografías fijas (como aquella suerte de portátil powerpoint avant-la-lettre de plástico, que llevaba inscripciones del estilo de “Recuerdo de Peñíscola” al que nos referíamos anteriormente) para explicarnos, por ejemplo, cómo desembalar y colgar una obra del propio autor, cómo hacer una croqueta mágica, cómo es la vida marinera y artística de una familia de nueces o qué tiene que hacer un artista para pasar de un estilo realista a uno más cubista, si se es suficientemente decidido, claro está.

Siguiendo los rastros y las trampas de ilustres prestidigitadores de las imágenes (de la luna de Méliès al hotel eléctrico de Chomón, del circo de Calder a las míticas islas de Ray Harryhaussen) que inspiraron fundadas sospechas en el nada magro comisario de la cita, Santi Erill hará que nos vayamos adentrando en el terreno del relato dadá, de la poética del absurdo. Pasaremos de seguir las peripecias de una copista de un exposición de Maurice de Vlamick, a cómo un niño nos cuenta su primera acción artística, de los despeinados Rolling Stones a los impecablemente alineados guerreros de Xian, acabando, después de un viaje fantástico y policromo propio de Swift o de Hendrix, en aquella ciudad de los milagros, multicultural, moderna, que soñaron Samaranch y Maragall, crípticamente rebautizada como “Barcelon!”.