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exposición
José Antonio Troya / No es aquí
del 22 de septiembre al 3 de noviembre de 2012
 
 
Siempre tan sorprendente como congruente con su heterodoxia militante, entre muchas otras perlas verbales, Adriano Celentano nos lanzó una, extrañamente brillante como una canica: “Sólo una cosa es tan excitante como un concierto, el desconcierto”. En un tono mucho menos estridente que el gran urlatore milanés, pero compartiendo con éste el gusto por el uso de la ironía como rigurosa herramienta creativa, Jose Antonio Troya, bajo el inquietante y asimismo explícito título “No és aquí”, aborda el tema del desconcierto con todo el despliegue de recursos plásticos y la exquisitez de la precisión y la pulcritud del trazo habituales en este experimentado artista de la casa.

La frase que empleó Roberto Bolaño para describir el trabajo de su amigo Bruno Montané Krebs, “Su poesía está hecha de pinceladas suspendidas en el aire”, podría servir perfectamente para definir el otro rasgo característico de la obra de Troya, la sutileza. Ésta se advierte no sólo en la elección de motivos para cada una de sus exposiciones en La Xina A.R.T. (ustedes pueden darse el gusto de repasar en nuestra web), sino en la innegable belleza que traspira su acabado formal.

Todo esto puede apercibirse en el inquietante repertorio que nos ofrece en este montaje: Una serie de dibujos sobre papel milimetrado, un tríptico de gran formato sobre poliéster, obras perforadas por vacíos circulares que redibujan otra imagen superpuesta, una nueva incursión en la tridimensionalidad escultórica (combinando su peculiar utilización de las perspectivas lineales y cuadriláteros de cristal de colores) y una pieza dual que requiere de la complicidad del espectador sagaz, poniendo a prueba su memoria visual y capacidad lúdica.

Podemos encontrar un aspecto común en esta diversidad de propuestas, lo representado queda fuera del nuestro alcance y/o se esconde detrás de enigmáticas ventanas (en las cuales el marco y aquello que muestra no son congruentes), un díptico conformado por dos mitades tan complementarias como dislocadas, el resplandor que reflejan los ventanales no encaja geométricamente con aquellas. Si bien es cierto que la perfección caligráfica del dibujo en acrílico negro y la utilización de colores planos no permitirían utilizar el concepto de “foto movida”, sí que podríamos usar el de “espejo inclinado”. Nada acaba de encajar.

La contemplación de esta realidad nos deja a medio camino entre la estupefacción y la incomoda incredulidad, como si, en la gestación de sus trabajos se hubiese colado esta desconcertante actualidad (económica, política y cultural) que nos ha tocado vivir y nada es lo que parece o nada es como quieren hacernos ver que es. Entonces la estupefacción se transforma en indignación y un título alternativo pasa a ser “Esto no puede estar pasando aquí”. En definitiva, una propuesta tan abierta, atractiva y desconcertante como unos puntos suspensivos (...)