actividadesmultimediaartistascontactoenlacesbarrconxin
catalð
Ready made.lt
exposición

Melvilliada
Ramon Roig y Xesco Mercé
del 30 de Mayo al 4 de Julio de 2015

 
 

"Escribir es como viajar cuando no viajas. O quizás es al revés". La engañosa sencillez de esta sentencia, atribuida a Rimbaud, pero también a Gide, es un perfecto ejemplo (como lo son los propios autores) de la complicación que conlleva desenredar la literatura y los viajes. La memoria del tiempo se ha ido urdiendo a base de contar historias de gente que se marchó o escuchar las de los que han vuelto a casa para contarlo. Los primeros relatos que recordamos siempre hablan de alguna itinerancia. El contador de cuentos es siempre un personaje nómada, de hecho o de espíritu. Hay escritores que solo han necesitado un puntito bajo la escalera para viajar por todo el mundo, otros han tenido suficiente con un piso, extrañamente menguante, o con un bloque de apartamentos, o con las calles del barrio, o con las de un pueblo polvoriento, o con una comarca reseca, o con un desierto reverberante, maravillosamente moteado de ciudades invisibles que esperan la llegada de un rey (Borges, Cortázar, Perec, Casavella, García Márquez, Cervantes, Bolaño, Calvino, Kipling, no necesariamente en este orden).

Otros, los que más, han preferido un medio más fluido por apagar su sed de aventura. Navegando río abajo o río arriba, o cambiando de río. Atravesando mares blancos, mares del sur, mares diluviales, mares de soledad y mares llenos de ignotos países de escala variable. Incluso un mar que todo él es como una sola célula (Twain, Conrad, Deville, London, Stevenson, Barnes, Defoe, Swift, Lem). Además de viajar por el espacio ha habido quien lo ha hecho a través del tiempo. Hacia el pasado, hacia el futuro, hacia fuera del propio tiempo, a través de un espejo, o hacia todas partes al mismo tiempo, con brújula lisérgica. Algunos han hecho su viaje (o su aventura) en un solo día, otros en ochenta. Un viajero tenía nombre de día, el de otro dio nombre a todo un género y es, en cierta medida, el origen de todo (Wells, Proust, Bradbury, Carroll, Dick, Joyce, Verne, Chesterton y, por fin, cerrando el ciclo, como los clásicos, Homero).

Melville y el libro que lo ha fijado, para siempre, en la memoria de los hombres, como una rutilante y magnética moneda clavada en el palo de mesana, conforman una especie de extraordinario calidoscopio de todos los grandes relatos y los grandes autores ahora citados. Como dejó escrito Borges, es "un relato que se agranda hasta usurpar el tamaño del cosmos (o del caos)". Como todos los grandes libros, contiene muchos otros, superpuestos, enredados o que se reflejan entre sí, como espejos o como símbolos de espejos.

Ramon Roig y Xesco Mercé son compañeros de viaje y amigos desde el primer día que comenzaron Bellas Artes en Barcelona, hace ya más de 30 años. Han compartido hogar y techo, talleres, discos, madrugadas, y mucha carretera y mucha manta. Y, por supuesto, muchos libros. El azar les ha vuelto a reunir para compartir cubierta en este viaje que tan atrevidamente han titulado. "Melvilliada" quiere ser un bordear, un costear por las paginas de "Moby Dick". Explícitamente quiere evitar caer en la trampa de abordar la colosal e infructuosa empresa que supondría pretender ilustrar tal narración. O, presuntuosamente, intentar descifrar todas sus crípticas señales. Ya lo dijo aquel (el inevitable creador de citas argentino): "el símbolo de la ballena es menos apto para sugerir que el cosmos es malvado que para sugerir su vastedad, su inhumanidad, su bestial o enigmática estupidez”.

Ellos quieren ser Ismael o Queequeg, con el zurrón cargado de emoción y desconocimiento, con los ojos abiertísimos del eterno aprendiz, del amateur (que significa amante, no torpe) y con infinita capacidad de experimentar perplejidad, intriga y fascinación hacia todo lo desconocido. Esta es una expedición hacia la inmensidad de un mar que ningún bolero puede poner en duda. Un viaje hacia la libertad. Ahora bien, antes de llegar a ninguna otra conclusión, sea puerto, isla o remolino, si es que hay que llegar, ellos se permitirán deleitarse con el trayecto, y a su vez deleitarnos a nosotros con sus trabajos (cada uno ha pintado una gran bestia y ha dibujado pequeños cuentos de marineros), como privilegiados tripulantes de este particular Pequod, confiando en que alguien sea capaz de contarlo.

 


 
  • Melvilliada_01
  • Melvilliada_02
  • Melvilliada_03
  • Melvilliada_04
  • Melvilliada_05
  • Melvilliada_06
  • Melvilliada_07
  • slider jquery
  • Melvilliada_09
carousel slider by WOWSlider.com v7.7m