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Roger Balcells
exposición

Roger Balcells
Jardines del Residuo
del 15 de noviembre al 5 de diciembre de 2014

 
 

Ser útil,
ser amado,
ser necesario.
Y si no, ser basura, hijo mío.

Ben Clark

El objeto ha sido sometido a un régimen esclavizante. Su existencia le debe todo a su utilidad. Y sin embargo, llegado al punto de su obsolescencia, de su neutralización, Roger Guisante añade un coeficiente artístico que lo revitaliza, que lo reactiva y le hace ingresar en una nueva cadena de acontecimientos.

Esta simple maniobra de reciclaje nada tiene que ver con un nuevo orden comercial para el objeto, ni con las actuales formas de reinserción en la infinita cadena de producción. Su resemantización acude a la propia naturaleza del objeto, a su esencia más primigenia. Roger Guisante elabora entonces un divertido juego de semejanzas, de coincidencias, de similitudes. Ausculta la materia en busca de su condición, interroga a los objetos, y los hace partícipes de un inmenso origami, de un ars topiaria, de un puro jardín residual.

Porque la verdadera intención del artista es sembrar el objeto y dejar que crezca, regarlo, podarlo, degustar sus frutos. Todo en sus manos se convierte en hoja y tallo, en semilla y flor. El ready-made es entonces un cultivo, un proceso de germinación donde las palas de albañil se curvan como hojas pecioladas, donde el tarro de vidrio brota como la flor de la chumbera, donde los alambres dibujan pétalos y la madera se enraíza. Roger Guisante insufla savia en estas arquitecturas de lo natural, devolviéndole la autonomía al objeto dentro de un sistema vegetal. Cada pieza se convierte en un ecosistema vivo, destruyendo así su pasado de impuesta degradación. El objeto vuelve a proyectarse, liberado ya de sus funciones, reencarnado, sin los anclajes del uso y la razón. Simplemente natural, selvático, indisciplinado.

Tras las obras no hay tanto una denuncia a la desaforada producción de desechos, como una profunda reconsideración de los actuales modos de tratar lo que poseemos.

Pero independientemente de que tras las "naturalezas vivas" sólo exista un sentimiento de comunión con lo orgánico, la voz del artista eleva al objeto también a una categoría de arma de doble filo, a forma voluble e indecisa que adquiere la tonalidad de quien lo manipula. Así, la gran cacerola que alimenta al soldado terminará convirtiéndose en el casco que reposa sobre la tumba de éste. Así, la maquinaria, el engranaje, sinécdoques de un mundo industrializado, acabarán formando, en la visión artística de Roger Guisante, un sencillo entramado de hierro para triturar hombres.

El objeto está vivo porque se revela, parece querer decirnos el artista, está vivo porque adopta formas, porque no tiene una única lectura, porque seguirá después de que nosotros hayamos desaparecido y, lo que es más importante, el objeto está vivo porque sobrevive a la voluntad del hombre.

El objeto queda naturalizado en esta propuesta artística, y como tal, queda sujeto a la propia violencia de lo orgánico: a la necesidad de buscar la luz, de procurarse alimento, al acto reflejo de la defensa y a su perpetuación.

Son estas obras un jardín del residuo, una pequeña tienda de los horrores, un espacio indómito, voluptuoso, donde las tijeras de podar se yerguen y mecen como los tallos que, en otro tiempo, ellas mismas cortaron.

Fabio de la Flor


 
 
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