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exposició

Les grans batalles
XESCO MERCÉ

Xesco Mercé expone en TPK de L'Hospitalet la serie de pinturas-collage de gran formato "Les grans batalles". Del 16 de febrero al 24 de marzo de 2017

 
 

Roberto Bolaño, en la monumental 2666, hace rememorar un hecho (que, curiosamente, pasa en Barcelona) a uno de los múltiples personajes (Amalfitano). Recuerda el caso de un joven que se pasa las horas de guardia en la farmacia donde trabaja leyendo. Le gustan las novelas cortas y los relatos, como La metamorfosis, de Kafka; Bartleby, el escribiente, de Melville; Un corazón simple, de Flaubert, o Un cuento de Navidad, de Dickens. Prefiere estos en El proceso, Moby Dick, Bouvard y Pécuchet o El Club Pickwick, novelas largas de los mismos autores. "Qué triste paradoja, pensó Amalfitano. Ya ni los farmacéuticos ilustrados se atreven con las grandes obras, imperfectas, torrenciales, las que abren caminos hacia lo desconocido. Prefieren escoger los ejercicios perfectos de los grandes maestros. O lo que es lo mismo: quieren ver a los grandes maestros en sesiones de esgrima de entrenamiento, pero no quieren saber nada de los combates de verdad, en donde los grandes maestros luchan contra aquello, ese aquello que nos atemoriza a todos, ese aquello que amedrenta y encacha, y hay sangre y heridas mortales y fetidez".


La lectura de este pasaje, en los pasillos semidesiertos de un ala del Hospital del Vall d'Hebrón, mientras operaban mi madre del corazón, es, tal vez (aunque la he recordado una vez he terminado de pintar el último de los siete cuadros) la génesis de todo el proyecto "Las grandes batallas". Este proyecto ha durado desde finales de 2014 hasta ahora, es decir casi tres años. Muy diferente de las múltiples y variadas aventuras creativas en las que me suelo embarcar, ya sean con los colegas de Xina A.R.T. o de la Red Europea Kanîbal'hopox o en solitario, que es, como dicen algunos, una condición y un destino intrínsecos al artista. Durante la última década he puesto en marcha o participado en unos ocho o diez proyectos anuales, de promedio. Todos ellos supuraban velocidad, ingenio, oportunidad, efervescencia; todos estos requisitos que parecen haberse instalado en el mundo del arte desde las vanguardias del siglo pasado, empujados por el vértigo de los propios tiempos. En cambio, las batallas, han sido un proyecto voluntariamente lento.


El reposo, la revisión calmada o la decantación espontánea han sido herramientas compañeras en todo este viaje creativo. Monté un sistema de almacenamiento en mi taller de Ivars d'Urgell que me permitía tener una obra encima de la otra, de tal manera que podía volver atrás moviendo dos o tres paneles para observar o rehacer algún detalle, si procedía. He tenido las batallas mucho tiempo colgadas en el muro más grande del estudio. Mientras he ido trabajando en otras series o bien obras individuales, he podido contemplarlas de reojo, con tranquilidad, sabiendo que podía volver siempre, aunque fuera para tocar un detallito, cambiar un pequeño matiz o arrancar y sustituir una tela entera. Las obras (que oscilalan entre los 2 y los 2'15 metros de altura por 3'30 a 3'80 de ancho) no sólo han necesitado el tiempo estricto de factura pictórica, o de collage. El proceso de ir recogiendo cuadros de la basura, de los mercados de segunda mano y de los múltiples encantes han sido parte imprescindible de todo el proceso. Así como la composición de cada fondo-Tetris con los cuadros encontrados o la elaboración de los elemento escultóricos de madera o plástico que los complementan.


Los títulos son bastante casuales y, por supuesto, intercambiables; "La batalla del Ebro" se podría haber titulado "El zahorí y las bañistas", por ejemplo. No es que me interesen en absoluto los temas bélicos o épicos (de hecho, me repugnan ambos), pero el tema de batalla, o de pelea, entre el artista y la obra en la soledad de su taller (acompañado por supuesto por Monk, Bach, Sílvio Rodríguez, Patti Smith, King Crimson o quien proceda) es la que me ha hecho optar por este título genérico. Un segundo y complementario elemento germinal (junto con la exquisita reflexión de Bolaño de antes) fue un cuadro que vi en Varsovia, que se titulaba como el primero de la serie (bueno, de hecho, la cosa es al revés): "La batalla de Grünwald", también conocida como la batalla de Zalgiris, pintada en 1878 por Jan Matejko y que hace 4'25 x 9'87 metros. Una tela absolutamente descomunal, con pretensiones casi de cómic fantástico, referente romántico de unas patrias y unos conflictos del todo ajenos a mí y de ningún interés artístico digno de destacar, pero que me fascinó tal como fascinan el delirio megalómano o la contradicción en estado puro. Os recomiendo verlo en directo, es una experiencia místicamente lisérgica.


Por último, y aunque la aclaración puede ser accesoria, las siete piezas que conforman esta serie son bien lejos de participar de las pretensiones que tuvo Dalí cuando se retiró al Portlligat tardo-franquista a pintar "las obras maestras que lo harán pasar a la historia" (y pintó una serie de buñuelos grandilocuentes innecesarios, más aún teniendo en cuenta su amplia y enérgica producción juvenil). "Las grandes batallas" son mi lucha personal, ahora y aquí, con mis manías y el mundo que las rodea, y nada más. Mañana ya estaré haciendo otra cosa. Y un último y relevante detalle: todas las piezas son reversibles, es decir, se pueden ver por detrás. De esta manera son, con un lenguaje más informalista y matérico, al tiempo que conceptual, un claro reflejo de la lucha que he tenido con cada una de estos mastodontes cromáticos. Dos obras en una, todo un prodigio de economía, esta misteriosa e indescifrable ciencia filosófica que rige estos salvajes y fascinantes tiempos actuales.