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exposició

KAFIRISTAN
Xesco Mercé

del 6 de mayo al 10 de junio 2017

 
 

Algunas palabras nos asoman a precipicios vertiginosos de significados y de misterios. Quizás lo primero que nos viene a la cabeza con la que encabeza este texto es aquel territorio de infieles, remoto y salvaje, que dos buscavidas de la Inglaterra victoriana y colonial, llamados Daniel Dravot y Peachey Carnehan, se propusieron conquistar. Para situar en un mapa actual aquel reino ignoto e inaccesible, que tan deliciosamente nos hicieron conocer el cuento de Rudyard Kipling o el film homónimo de John Huston ("El hombre que quería ser rey"), simplemente buscamos en la red o en los periódicos dónde este proverbial "Rey loco" que ahora gobierna la Metrópoli ha lanzado "la madre de todas las bombas" (otro nombre con ínfulas aforísticas). Las imágenes de este bombardeo, en solarizado blanco y negro, tan abstractas como terribles, más que aclarar, no hacen sino añadir otro velo de misterio sobre esta tierra fabulosamente espectral. La pretensión de querer dar forma, aunque sea forma de negativo (o no-forma) o de monumental socavón, a este país de leyenda no ha hecho sino multiplicar su insondabilidad. Este región del siempre convulso Afganistán, poblada de antiguos descendientes de Alejandro Magno, que fue rebautizada como Nurestán (la tierra de la Iluminación, otra palabra abismal) y que es una especie de "El Dorado" francmasónica, tiene un topónimo que nos define, como pocas palabras (miles de palabras juntas, incluso), un concepto de indómita transcripción.

Probablemente todos los artistas (o todos los hombres) buscan obstinadamente su propio Kafiristán. Quizás le llaman de otra manera (destino, entelequia, misión, utopía, paraíso perdido...). Quizás lo creen tan lejano que casi es antípoda. O quizás lo sospechan en el rincón más profundo e íntimo de su alma, lo que lo hace igualmente recóndito. Pero lo saben. Su búsqueda es la que justifica su potencial existencia. Xesco Mercé ha trabajado de forma recurrente este concepto de búsqueda inexplicable, con la pintura de género como materia prima y punto de partida. Ha utilizado cuadros viejos (paisajes, retratos, naturalezas muertas, abstracciones de Ikea) como campamento base para nuevas exploraciones conceptuales y formales en varios de sus últimos proyectos: "L'Âge d’or", "Els monstres de Frankenstein", "Barroc'n'roll", "Melvilliada" o, muy especialmente, "Les grandes batalles" (una de las cuales forma parte de esta muestra). A este cuadro de gran formato (2'10x370) lo acompañan más de quince collages sobre antiguas ilustraciones de atlas científicos y geográficos y un peculiar retrato de su particular Roxane, dibujada sobre la pintura de una desconocida dama de la sociedad de posguerra, realizada con maestría por un pintor valenciano-aragonés, discípulo de Benlliure. Todo ello se presenta, como no podía ser de otra manera, en La Xina A.R.T., misteriosas siglas que significan, ni más ni menos que: Asociación de Búsqueda (Recerca) Total.