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DESPRÉS DEL NAUFRAGI
Fernando Bravo

del 9 de febrero al 23 de marzo de 2019

 
 

Tras el naufragio recoge los restos que llegan a la orilla tras una catástrofe marítima, objetos que son el último testimonio de unas personas que los portaron y perdieron por el camino. Hablar de objetos personales es hablar indirectamente de personas: de sus necesidades, sus gustos, sus edades, sus carencias, sus orígenes y sus expectativas. Hablar del destino de los objetos es hacerlo del de las personas, pero sin ver sus caras, sus manos o sus cuerpos castigados. Tras el naufragio es un trabajo que habla de personas, del vacío que dejan, del recuerdo que evocan; en definitiva: de su ausencia.

Tras el naufragio es una instalación que encierra el ciclo iniciado con El naufragio de Europa, una performance que tuvo lugar en 2016 en Barcelona y Gdansk (Polonia), en mayo y noviembre respectivamente. Ocurría justo en el punto álgido de las dramáticas escenas de las rutas de huida en barco desde Siria por el Mediterráneo y suponía un intento de explicar, desde un lenguaje artístico, el fenómeno del que éramos testigos. Aquella realidad, lejos de ser un triste episodio puntual, crece año tras año batiendo nuevos récords de tragedias y víctimas.

Pero no se trataba de hablar, entonces, de Siria en exclusiva sino de un fenómeno de mayor alcance: el naufragio, literal y figurado, físico y moral, de un modelo social, de un proyecto que, llegado al punto de las conveniencias económicas, anteponía el egoísmo a la solidaridad. Asimismo, la reflexión sobre los naufragios en unas coordenadas dadas nos lleva a pensar en el naufragio como en una metáfora de nuestro tránsito por el mundo, apostando por plantear una visión alejada de los discursos heroicos y ofrecer una representación del hundimiento como imagen que define en gran medida nuestra vida. Sin más allá, sin segundas lecturas, sin moraleja. Entre estas dos visiones he intentado enmarar al actual trabajo.

Ante la saturación de imágenes de personas, vivas o muertas, sean adultos o niños, me parece pertinente centrar la mirada en los objetos, lo que supone una forma de distanciarse y al mismo tiempo poder aproximarse y tocar lo que el naufragio deja tras de sí: maderas rotas, jirones de ropa, maletas vacías donde una vez se acumularon esperanzas y deseos y los últimos vestigios de un lugar que se abandona para, esta vez, no llegar a ninguna tierra prometida.

Fernando Bravo García. Sabadell 1974. Escultor y filólogo, ha alternado durante años la docencia, investigación y traducción con la práctica escultórica. Entre 1995 y 2007 vive en Rusia, Inglaterra y Polonia, donde estudia, trabaja y se forma como escultor. Su primer taller de escultura lo tiene en Cracovia. El 2007 vuelve a España y acaba su formación en la Escuela Llotja de Barcelona (Fundición artística en bronce) y en el taller de talla en madera del maestro Juan María Medina. Sus trabajos más destacados son altamente narrativos: instalaciones, obra pública o escenografías beben de esta influencia literaria. Al mismo tiempo, subordina el material o la técnica al concepto, pasando de la madera, hierro o plásticos a los objetos encontrados para la construcción de sus piezas; prioriza el gesto, muy presente en las performances y, especialmente, en el trabajo que ahora presenta en La Xina A.R.T. Actualmente vive y trabaja en Benicarló.