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exposició

Homo homini lupus est o Diana pescadora
Marc Vilallonga

del 25 de mayo al 29 de junio de 2019

 
 

Marc Vilallonga vuelve a la que es su casa, La Xina A.R.T., para ofrecernos una de sus propuestas, cuando menos, inquietantes. Maestro de la fotografía manipulada por ordenador, utiliza las imágenes que todos hemos convenido en catalogar como "reales" para impregnarlas de tan sugerentes como terribles nuevos significados. Imágenes que podríamos adscribir a fotografía (o, por extensión, a pintura) de género (paisajes, interiores), que aparecen en estado de cotidianidad radical (un margen de un camino o una cocina endémicamente desordenada). Es este punto: lo familiar, doméstico, casi obvio, el trampolín de partida para construir un universo que nos descoloca, tal como han hecho, en medios y tiempos diversos, por ejemplo, autores como Kafka, Jazihiro Ozu o Vermeer de Delft.

Si tuviéramos que rendiros a la tendencia imperante de nomenclaturitzar y taxonomitzar algo tan inabarcable y preciosamente complejo como es el hecho creador, podríamos definir la obra de Marc Vilallonga, y en particular, la que nos presenta a "Homo homini lupus est o Diana pescadora", como perteneciente al "Hiper Irrealismo". Una supra irrealidad que nos invita a remirar de reojo nuestro entorno más inmediato (esa especie de entelequia de moda que llamamos "nuestra zona de confort"), ya sea físico como social. Ya que el autor trabaja con material sensible "de rabiosa actualidad", política, social y, incluso, tal como ya ha hecho en otras exposiciones, deportiva, arriesgándose a entrar en un terreno muy inestable, ya que ambos, arte y deporte, han sido, a menudo, los dos componente imprescindibles para formar un oxímoron ejemplar).

En unos tiempos que empujan a tomar partido dualista, con una constante arenga previa a la gran batalla, en los que es fácil caer en el simplismo panfletario o en el exabrupto más atávico, Marc Vilallonga (lo cual ya es una especie de constante en su trabajo) sabe situarse y mostrarnos una nueva panorámica del todo, desde una óptica cercana a la ironía (no al humor infantil y grueso predominante), cercana a la reflexión y a la duda (no a la falta de autocrítica casi obligatoria que se estila) y, sobre todo, nos lo hace con unas imágenes que irradian algo imprescindible, esperanzador y raro: belleza.